La Emocionalidad en Coaching

La emocionalidad es una de las experiencias más íntimas y personales que poseemos los seres humanos. La manera en que sentimos y expresamos nuestras emociones puede condicionar e influir en nuestra calidad de vida. 
                                                               Emociones                          
Distintas emociones pueden predisponernos a distintas acciones, inclusive funcionan como motores de energía que impulsan a nuestro cuerpo a realizar determinadas conductas. Nuestras emociones se generan en función de la interpretación que le asignamos, ya sea a un estímulo externo como al pensamiento.
 
La emocionalidad en el tiempo
Pasado
Presente
Futuro
El pasado es el territorio de los recuerdos. Y según su interpretación, también puede generar distintos estados emocionales. Pero el pasado sólo tiene vigencia en nuestra mente y somos nosotros los que podemos elegir qué hechos queremos traer al presente, cómo queremos entenderlos o qué explicaciones darle. Al pasado podemos resignificar.
En relación con el rol del coach, no buscamos la explicación en el pasado del problema que acontece en el presente. Sólo nos encargamos de buscar aquellas experiencias que resultaron exitosas en situaciones pasadas para tomarlas como recursos que posee el coachee y como aprendizaje que pueda beneficiar una situación actual. A veces también se recurre al pasado para ayudar a identificar algunas heridas emocionales que están interfiriendo y condicionando el presente.
En el proceso del coaching, el rol que juega la emocionalidad es muy importante debido a que es testigo de nuestro estado mental en el presente, de nuestras interpretaciones que tenemos acerca de nosotros mismos, de nuestro pasado imaginario y de las expectativas que tenemos para nuestro futuro.
Sólo en el presente es posible tomar conciencia de nuestra vida, observar nuestro accionar y construir en forma efectiva nuestro futuro.
Es el aquí y ahora en el que se puede trabajar.
 
 
El futuro generalmente es un terreno de expectativas. Aquí visualizamos lo que queremos que suceda o puede suceder. Es una construcción de nuestra mente en la cual emociones como esperanza, optimismo, confianza, ansiedad, miedo o pesimismo pueden aparecer. 
Para el Coaching, lo importante es que podamos entender que la idea que tengamos de ese futuro puede incidir en nuestras emociones del presente.
Otro aspecto a considerar son los juicios que tengamos acerca de que somos capaces de realizar y de lo que no. Juicios que condicionan nuestro accionar y los proyectos que podamos tener. Al limitar nuestro mundo de posibilidades, condicionamos nuestras emociones y decisiones, como también nuestra capacidad de accionar.
 
 
Siempre que pretendamos transformar algún aspecto de nuestra realidad, existirá una tensión entre lo que es y lo que esperamos que sea. Antes de emprender un camino hacia el cambio, estarán presentes estos juicios de posibilidades y dificultades. Aquí también se pone en juego nuestra emocionalidad.
El proceso de transformación y la emocionalidad
Todo proceso de aprendizaje y cambio conlleva una movilización emocional. Entre nuestro estado deseado y nuestro estado actual se produce una especie de tensión emocional. Entre lo que deseamos y lo que “estamos pudiendo” aparecen generalmente dos emociones: el entusiasmo que produce el querer alcanzar nuestros objetivos y el temor a lo desconocido y/o la incertidumbre. De acuerdo a cómo respondamos frente a estas emociones, podremos avanzar en esta etapa de transformación.
 
                                                       
Resistencia al Cambio
Nos encontramos con la necesidad de dejar atrás viejas prácticas, lo seguro y lo conocido, para adoptar nuevas conductas que nos permitan alcanzar nuestros objetivos. Ello también requiere de superar el miedo a la incertidumbre y a lo desconocido. Es aquí en donde la figura del coach se vuelve fundamental para acompañar al coachee durante este proceso de transformación.